Planificar la sucesión, la recomendación más frecuente (y posiblemente la más importante) que hacen los Consultores a las Empresas Familiares. Pero cuando ya se tiene estructurado el plan, ¿es buena idea dar a los sucesores todos los detalles?

Sabemos que solo 3 de 10 empresas familiares pasan a la segunda generación, y que en gran parte ello responde a la falta de planificación y preparación de la sucesión. Muchas empresas fracasan porque no han logrado desarrollar un marco sistemático para pensar sobre el futuro de su negocio.

La mejor práctica es elaborar por escrito un plan estratégico para la empresa familiar que contemple el tema de la sucesión, siendo clave revisarlo periódicamente para realizar los ajustes pertinentes.

Pero en este proceso de planificación, ¿es buena idea comunicar a los miembros de la familia los planes de sucesión?

La respuesta no es solo una, y depende de la dinámica de las relaciones entre la familia y las de esta con la empresa. Para unos casos la mejor opción será tener una comunicación fluida entre los miembros de la familia respecto a la planificación de la sucesión, mientras que en otros casos la mejor opción es mantener una mayor reserva sobre los planes.

Es fundamental distinguir en cuál de estos dos grandes grupos entra su empresa familiar, pues proceder de la manera incorrecta para su particular caso puede acabar dañando tanto las relaciones personales entre los familiares, como la probabilidad de continuidad de la empresa familiar.

Sobre todo en los casos de asociaciones de hermanos, aunque también ocurre con los consorcios de primos y con los propietarios únicos de primera generación, es frecuente que se vuelvan tensas las discusiones abiertas sobre la planificación de la sucesión. La discusión franca puede no tener buena recepción y crispar las relaciones familiares. En estos casos un marco de diálogo abierto no es siempre la mejor opción.

No obstante, la confianza y la comunicación fluida entre los miembros de la familia son primordiales para mantener la armonía, y funcionan como una válvula de escape para liberar la presión que supone planificar la sucesión. Se dice que hay más directores generales con sueños frustrados en las empresas familiares que en cualquier otro tipo de negocio, y por eso importan las discusiones abiertas sobre la planificación de la sucesión en el seno de la familia, pues se tiende a identificar intereses, aspiraciones y expectativas, que una vez conocidas es posible coordinar.

Así vemos que no existe una respuesta válida para todos los casos, sino que familia a familia se debe ir evaluando cuál es la mejor forma de afrontar la planificación de la sucesión. Sin embargo, al menos debería considerarse seriamente la conveniencia de comunicar a los miembros de la familia los planes de sucesión y recibir de ellos una retroalimentación.


Conclusión:

La respuesta no es solo una, y depende de la dinámica de las relaciones entre la familia y las de esta con la empresa: mientras que para unas puede ser la mejor opción, para otras puede ser fatal. Sin embargo conviene que el propietario considere discutir los planes de sucesión para recibir retroalimentación.


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